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31 de julio de 2026|6 min lectura

Cuánto cobrar por tu trabajo creativo: guía de tarifas para freelancers

Si llevas poco tiempo como freelance, seguramente ya has vivido este momento: un cliente te pregunta "¿cuánto me cobrarías por esto?" y tu cabeza explota, literalmente se convierte en una calculadora rota. Miras lo que cobra la competencia (o lo intentas), pides opinión, piensas en lo que "suena bien", restas un poco por si acaso, y envías un número que ni tú mismo te crees del todo.

Tranqui. No eres el único. Poner precio a un trabajo creativo es de las cosas que menos se enseñan y más ansiedad generan en este oficio. Y no es casualidad: a diferencia de un producto físico, tu trabajo no tiene un coste de materiales visible que justifique el número. Lo que vendes es tiempo, criterio y experiencia, cosas difíciles de meter en una fórmula.

Pero se puede. Y hacerlo bien es la diferencia entre un negocio creativo que sobrevive y uno que te permite vivir de esto de verdad.

Por qué poner precio "a ojo" te está costando dinero

Cuando decides tu tarifa por intuición, pasan dos cosas, casi siempre a la vez:

  • Cobras de menos en los proyectos fáciles. Si un trabajo te sale rápido porque ya lo has hecho mil veces, tiendes a cobrar poco "porque no me ha costado nada", sin tener en cuenta que ese "no me ha costado nada" es fruto de años de experiencia que sí tienen valor.
  • Cobras de menos en los proyectos difíciles. Cuando un proyecto es complicado, muchas veces se hace justo lo contrario: se baja el precio por miedo a espantar al cliente, en vez de subirlo para compensar el esfuerzo real.

El resultado es un negocio donde facturas, pero no sabes bien por qué unos meses hay más margen que otros. La tarifa a ojo no escala, y cuanto más crece tu negocio, más caro te sale no tener esto resuelto.

Los 3 modelos de tarifa (y cuándo usar cada uno)

Antes de calcular números, conviene tener claro qué estás vendiendo exactamente.

  • Por horas: cobras por el tiempo que dedicas. Es el modelo más fácil de justificar, pero penaliza tu experiencia — cuanto más rápido trabajas, menos ganas.
  • Por proyecto (precio cerrado): cobras por el resultado, no por el tiempo. Premia la eficiencia, pero exige tener muy claro el alcance antes de empezar, o el proyecto te puede comer vivo.
  • Por valor: cobras en función del impacto que tu trabajo tiene para el cliente (un rebranding que le va a permitir subir precios, por ejemplo). Es el modelo más rentable, pero también el más difícil de argumentar si no tienes ya cierta trayectoria o casos de éxito que lo respalden.

La mayoría de freelancers creativos empiezan cobrando por horas, pasan a precio cerrado en cuanto dominan bien sus tiempos, y solo con experiencia consiguen defender un pricing por valor. No hay un modelo "correcto", hay un modelo adecuado para cada etapa.

Cómo calcular tu tarifa real, paso a paso

Aquí está el proceso que de verdad te da un número defendible, no inventado.

1. Calcula cuánto necesitas ganar al mes (de verdad)

No es solo "cuánto quiero ganar", es cuánto necesitas facturar para que el negocio se sostenga. Suma:

  • Tus gastos personales (alquiler, comida, seguros, todo)
  • Tus gastos del negocio (software, equipo, cuota de autónomo)
  • Impuestos (IRPF, y si aplica, IVA que no puedes quedarte)
  • Un margen de ahorro: vacaciones, bajas, meses flojos

Ese número es tu suelo. Facturar por debajo de eso no es "empezar barato", es perder dinero cada mes que trabajas.

2. Calcula tus horas facturables reales

Aquí está el error más común: dar por hecho que trabajas 160 horas al mes facturables. No es así. De un mes normal, hay que restar:

  • Gestión, emails, presupuestos, contabilidad
  • Formación, prospección, redes sociales
  • Reuniones que no son producción real

Para la mayoría de freelancers creativos, las horas realmente facturables rondan las 90-120 al mes, no las 160. Si calculas tu tarifa asumiendo 160h facturables y solo llegas a 100, tu negocio está perdiendo dinero sin que lo veas en ningún sitio, hasta que llega fin de mes.

3. Saca tu tarifa hora base

Divide lo que necesitas facturar al mes entre tus horas facturables reales. Ese es tu suelo por hora, no tu precio final, tu punto de partida.

4. Ajusta por experiencia, demanda y complejidad

A partir de ahí, hay factores que justifican subir esa tarifa base:

  • Años de experiencia y especialización
  • Nivel de demanda (si tienes lista de espera, puedes y debes subir precio)
  • Urgencia del proyecto
  • Complejidad técnica o creativa por encima de la media

El error que más dinero le cuesta a los creativos: no contar las revisiones

Un presupuesto sin revisiones incluidas es una trampa que tú mismo te pones. Define desde el principio cuántas rondas de cambios están incluidas en el precio, y qué pasa a partir de ahí (revisión extra con coste, o límite de alcance). Esto no es desconfiar del cliente, es protegerte de proyectos que crecen sin que nadie lo decida explícitamente.

Cómo comunicar tu precio sin sonar inseguro

El número importa menos de lo que crees. Lo que de verdad genera dudas en el cliente es cómo lo presentas. Un presupuesto bien argumentado, con alcance claro y sin excusas ("es que como estoy empezando...") transmite más confianza que un precio bajo con explicaciones de más.

No lo calcules a mano cada vez

Todo este proceso, hecho en una hoja de cálculo suelta, es fácil de perder, de desactualizar en cuanto suben tus gastos, o de recalcular mal bajo presión con un cliente esperando respuesta.

Por eso, dentro de Simmmply tienes una calculadora de tarifas integrada: metes tus gastos, tus horas facturables reales y tu margen deseado, y te da tu tarifa hora y por proyecto al instante, la misma que puedes actualizar en dos minutos cada vez que algo cambie (spoiler: siempre va a cambiar algo).

Poner precio a tu trabajo no debería ser una improvisación cada vez que un cliente te escribe. Con el número bien calculado una vez, solo tienes que defenderlo, y eso, con la cabeza fría, es mucho más fácil.